Un recorrido por los orígenes, la formación y la identidad de Maipú:
La historia de Maipú se remonta a tiempos ancestrales. Los pueblos huarpes fueron los primeros habitantes de estas tierras y dejaron una huella profunda en el territorio y en nuestra identidad. El nombre Maipú o Maipun, en aquella voz mapuche que con el tiempo se españolizó también nos vincula con el Maipo chileno: su volcán, su río y su provincia, y con aquella tierra histórica donde el Ejército de los Andes contribuyó a sellar la libertad de Chile el 5 de abril de 1818.
Durante la década de 1820, distintas familias comenzaron a sentar las bases de la población local. A lo largo del siglo XIX, ese crecimiento fue consolidando una comunidad cada vez más numerosa, activa y productiva, que con el tiempo convertiría a Maipú en uno de los departamentos más pujantes de Mendoza.
En 1855, ante el crecimiento de la población, surgió la necesidad de establecer límites geográficos y administrativos. El entonces gobernador Pedro Pascual Segura señaló los límites de la zona conocida como “Cruz de Piedra”, perteneciente al Departamento Séptimo de Campaña. Tres años después, el 14 de mayo de 1858, el gobernador Juan Cornelio Moyano creó oficialmente el Departamento de Maipú. Para la Villa Cabecera se tomó como referencia el lugar donde se levantaba el nuevo templo y fue designado como primer subdelegado el teniente coronel Juan de la Cruz Videla.
La noche del 20 de marzo de 1861, un gran terremoto sacudió Mendoza y dejó una profunda marca en su historia. Templos, viviendas y edificios de la capital quedaron destruidos y la provincia atravesó horas de dolor y desolación. En Maipú, aunque también se sintió el sismo, los daños fueron menores que en otros sectores.
En ese contexto, fray Manuel Apolinario Vásquez, de la Orden Mercedaria, cuyo templo había sido destruido, decidió trasladarse a Maipú con el propósito de reedificar el templo en honor a María de la Merced y construir nuevamente el convento. Junto con una comitiva de vecinos impulsó el desarrollo de la nueva Villa de Maipú. Entre quienes hicieron posible ese proceso se destacó José Alberto de Ozámis, quien aportó su capilla personal y donó extensiones de terreno y manzanas destinadas al trazado de la nueva villa, el 31 de marzo de 1861.
Con el paso de los años, Maipú recibió a inmigrantes provenientes de distintas partes del mundo. Sus familias, su trabajo y sus costumbres formaron un verdadero crisol que enriqueció la idiosincrasia maipucina y ayudó a consolidar una identidad profundamente ligada a la tierra, a las variedades de vides y olivos y a una cultura productiva que todavía distingue al departamento.
Ese espíritu emprendedor también quedó reflejado en figuras como Juan Giol y Gerónimo Bautista Gargantini, quienes en 1896 crearon la que llegaría a ser considerada la bodega más grande del mundo. Su legado permanece como símbolo de una comunidad que siempre buscó crecer, producir y proyectarse, sin perder sus raíces.
Esta es parte de la rica historia de Maipú: la de nuestros antepasados, la del esfuerzo compartido y la de generaciones que hicieron de este lugar una tierra pujante en todas sus expresiones. Es el Maipú que nos anima, nos enamora y nos alegra; el que nos llena de orgullo y mantiene viva esa identidad que los maipucinos sentimos y conocemos, convirtiéndolo, simplemente, en el mejor lugar para vivir.